
puenteD 05
- publicado por admin
- Fecha 5 marzo, 2026
Las mujeres estamos inmersas en una realidad social en la que no podemos vivir con plena libertad, generada por múltiples factores, uno de ellos, la desigualdad de género, que se manifiesta en la creación y aplicación de las normas. Cuando hablamos de normas, decimos que son creadas por hombres y para hombres, reflejados en todos los ámbitos de la vida cotidiana.
Según OLSEN, F. (1990), las prácticas sociales, políticas e intelectuales que constituyen el derecho fueron, durante muchos años, llevadas a cabo casi exclusivamente por hombres. Dado que las mujeres fueron por
largo tiempo excluidas de las prácticas jurídicas, no sorprende que los rasgos asociados con las mujeres no sean muy valorados en el derecho.
Tal es el caso de los artículos presentados en esta edición, en los que manifiestan principalmente que la situación de poder en la que el hombre varón está posicionado, genera esa desigualdad, más precisamente, en las normativas de la planificación urbana.
Las mujeres no podemos vivir plenamente nuestra vida diaria, debido a diversas situaciones que nos colocan en posiciones inseguras, tales como transitar por las calles, realizar caminatas, ir a trabajar, etc. Para las mujeres el espacio público es un escenario de negociación constante: elegimos el camino más largo porque está iluminado, evitamos ciertos horarios o modificamos nuestra vestimenta según el sitio que transitemos.
Entonces, espacios sin iluminación, transporte público ineficiente o la ausencia de espacios de cuidado no son errores de diseño, sino decisiones políticas que perpetúan la desigualdad de género. Esta falta de visión es una forma de violencia estructural. Con la toma de estas decisiones se está excluyendo a las mujeres del espacio público, reforzando la idea de que su lugar seguro es el ámbito privado.
Los artículos concluyen que la planificación urbana y el desarrollo de las ciudades están organizadas y planificadas a través de la perspectiva masculina, lo que impacta en la vida cotidiana, el día a día de las mujeres, condicionando el desarrollo de sus actividades, evitando lugares o sitios inseguros, por lo que debemos exigir la construcción de territorios pensados colectivamente por un futuro más equitativo e
inclusivo para las mujeres.


